“Tenemos que poner en valor el trabajo de los pescadores”
“Preservar los recursos marinos es responsabilidad de todos”
Joan Roca – Chef del “Celler de Can Roca”
En esta edición del Food Report, hemos recorrido distintos puertos, lonjas y comunidades costeras del Mediterráneo para escuchar a las voces más representativas de la pesca artesanal.
A lo largo del proceso, entrevistamos a Marta Cavallé, bióloga marina y secretaria ejecutiva de Low Impact Fishers of Europe (LIFE Platform); al chef Joan Roca, de El Celler de Can Roca (tres estrellas Michelin y considerado en varias ocasiones el mejor restaurante del mundo); al pescador Isaac Moya, fundador del Projecte Sèpia, una iniciativa dedicada a proteger las zonas de reproducción de los cefalópodos y repoblar las aguas de l’Empordà, y la iniciativa de venta directa Empesca’t; y a Xavier Sala, presidente de la ONG CoCo Sapiens, una organización sin ánimo de lucro que da visibilidad a productores alimentarios comprometidos con la sostenibilidad, y cuyo objetivo es aportar información y transparencia al consumidor para que pueda tomar decisiones conscientes.
Sus testimonios revelan una problemática estructural que desprotege a la pesca de bajo impacto y distorsiona el concepto de sostenibilidad marina.
Mientras la normativa y la comunicación institucional promueven un discurso amable sobre la ‘pesca local’ o el ‘producto de proximidad’, en la práctica se favorece la pesca industrial de arrastre y se penaliza a los pescadores artesanales, los únicos que trabajan con métodos selectivos y de bajo impacto.
Las principales causas de la desaparición de las barcas de pesca de artes menores pueden resumirse en tres puntos clave:
Bajo la etiqueta amable de ‘pescado de lonja’, ‘pesca local’ o ‘kilómetro 0’ se esconde con frecuencia la pesca de arrastre industrial, responsable de buena parte de los descartes pesqueros y del deterioro del fondo marino.
Los pescadores españoles de artes menores no pueden vender su producto directamente a restaurantes o consumidores finales. Una ley estatal — casi única en Europa— los obliga a realizar la primera venta mediante un sistema de subasta a la baja, donde es el comprador quien establece el precio. Un punto a partir del cual el pescado inicia un largo camino hasta el consumidor final, donde se mezcla con el de arrastre, el pescado importado y el de acuicultura y por tanto pierde identidad.
El consumidor no dispone de un canal suficientemente transparente que le garantice el acceso a pescado realmente sostenible, es decir, procedente de pesca artesanal de bajo impacto ambiental.
Este informe tiene el propósito de ofrecer al consumidor herramientas de conocimiento y transparencia, para que pueda ejercer un consumo informado y responsable del pescado fresco de mar abierto.
Este informe forma parte de una serie de reportajes de CoCo Sapiens dedicados a analizar los retos del sistema alimentario desde una mirada empírica y holística, con el fin de aportar una visión clara sobre la pesca extractiva y su papel en la transición hacia un modelo alimentario más justo y coherente con los ecosistemas marinos.
La palabra artesanal se ha convertido en un reclamo amable. Aparece en etiquetas, menús y campañas institucionales que promueven el ‘producto de proximidad’.
Pero ¿a qué nos referimos realmente cuando hablamos de pesca artesanal?
¿Y por qué los verdaderos pescadores de artes menores —los que trabajan con redes selectivas, sin arrastre y en embarcaciones pequeñas— están desapareciendo?
Detrás del aparente auge del discurso sostenible se esconde una paradoja que amenaza la esencia misma de nuestra relación con el mar.
Mientras Europa legisla sobre la selectividad de los artes y la reducción de descartes pesqueros, (*Los descartes son las capturas no deseadas que se devuelven muertas al mar) los sistemas de comercialización y las normativas nacionales siguen favoreciendo a la gran industria y penalizando a los pequeños pescadores.
El resultado es un modelo que premia la cantidad sobre la calidad, empujando al borde del colapso a quienes mejor entienden la sostenibilidad.
En España, la llamada pesca de artes menores, que utiliza métodos tradicionales de bajo impacto como el trasmallo, la nansa o el palangre de fondo, representa menos del 20% de las capturas, pero genera un valor social y ecológico incalculable.
Son los pescadores que salen al amanecer en embarcaciones de menos de 12 metros, que conocen las mareas, diseñan sus propias redes y pescan solo lo que necesitan.
Sin embargo, su supervivencia está hoy en riesgo.
Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA, 2024), España cuenta con 8 432 buques pesqueros, de los cuales 6 606 pertenecen a la categoría de artes menores, lo que supone un descenso del 15 % respecto a las 7 782 embarcaciones registradas en 2012.
En el mismo periodo, los buques de arrastre pasaron de 1 103 en 2012 a 862 en 2024, por lo que no se observa un incremento de esta modalidad, aunque mantiene un peso desproporcionado en volumen de capturas. En la zona mediterránea, las embarcaciones de artes menores se redujeron de 1 778 en 2012 a 1 430 en 2022, lo que equivale a una caída del 19,6 %.
Estos datos reflejan una tendencia de contracción sostenida de la pesca artesanal en España durante la última década. (*Link a la fuente oficial)
Según el informe The State of Mediterranean and Black Sea Fisheries de la FAO–GFCM, el 87 % de las poblaciones pesqueras del Mediterráneo se encuentran sobreexplotadas, una situación especialmente grave en el Mediterráneo occidental, donde opera buena parte de la flota española. Las embarcaciones de menos de 12 metros de eslora, típicas de la pesca artesanal, constituyen cerca del 80 % de la flota en número, pero apenas alcanzan el 15 % del volumen total de capturas, lo que evidencia su menor impacto pese a su importancia ecológica y social. Esta tendencia no solo refleja un declive económico, sino también la erosión de un conocimiento ancestral y de una relación equilibrada con el mar: cada embarcación artesanal que se retira deja atrás una parte viva del patrimonio cultural y ecológico del Mediterráneo.
“Todo está pensado para la gran flota, no para el pescador pequeño”
“Yo solo quiero saber que venderé mi pescado a un precio justo porque con eso ya me gano la vida”
Isaac Moya – pescador artesanal de L’Estartit y
cofundador del Projecte Sèpia
Esta declaración resume la paradoja del sistema: los pescadores más sostenibles son los que encuentran más obstáculos administrativos y económicos para seguir trabajando.
El caso Empesca’t y el laberinto normativo.
En España, la venta directa de pescado fresco por parte de los pescadores a restaurantes o consumidores finales no está permitida por la legislación estatal. El Real Decreto 418/2015 obliga a que toda primera venta se realice en una lonja o establecimiento autorizado, incluso cuando el producto sea trazable y cuente con control sanitario de origen.
A diferencia de lo previsto por la normativa europea —Reglamento (CE) 1224/2009, art. 5.8— que permite la venta directa desde el buque al consumidor hasta un valor máximo de 50 € por día, opción adoptada por países como Francia, Italia o Portugal. En estos países los pescadores pueden facturar directamente pequeñas cantidades sin pasar por lonja, o integrarse en sistemas de control locales o cooperativos.
En este contexto nació Empesca’t, un programa piloto impulsado por la asociación Arts Menors Costa Brava y autorizado por la Generalitat de Catalunya, que permitió realizar la primera venta en el propio puerto mediante contrato alimentario supervisado y control sanitario de origen.
Su modelo de venta directa y trazabilidad digital, con códigos QR que informaban sobre especie, arte de pesca y embarcación, garantizaba transparencia total pero sobre todo garantizaba poder establecer un precio justo tanto para el pescador como para el consumidor.
Sin embargo, las limitaciones administrativas del propio programa impidieron su viabilidad económica: el número de barcas autorizadas era muy reducido y no se permitió ampliar la flota participante del pueblo vecino como inicialmente habían previsto.
Esta restricción imposibilitó alcanzar un volumen de capturas suficiente para cubrir los costes logísticos del reparto local, generando una paradoja: un modelo plenamente alineado con los principios europeos de sostenibilidad, trazabilidad y justicia social tuvo que cesar su actividad por las rigideces de la normativa estatal española.
Europa, por su parte, reconoce teóricamente el valor de la pequeña escala.
El artículo 17 del Reglamento (UE) nº 1380/2013 de la Política Pesquera Común exige que los estados miembros asignen los derechos de pesca “según criterios ambientales, sociales y económicos”. Pero en la práctica, las cuotas se siguen repartiendo según los históricos de captura: quien pescó más en el pasado recibe más derechos hoy. De nuevo, el pez grande se come al pequeño, y premiando a quienes llevan a la sobreexplotación del recurso
Hoy, incluso el consumidor que cree apoyar la sostenibilidad comprando “pescado de lonja”, carece de herramientas para saber si ese producto proviene de pesca artesanal o de arrastre. Los green claims institucionales y del propio sector mezclan ambos conceptos bajo la misma etiqueta: producto local.
“Europa obliga a identificar el arte de pesca en la etiqueta del pescado que compramos, pero en la práctica, muy pocas veces vemos estas etiquetas en la pescadería, por lo que el consumidor no puede saber cómo se ha pescado ese pez.”
Marta Cavallé – secretaria ejecutiva de
Low Impact Fishers of Europe (LIFE)
Esta confusión, lejos de ser un error administrativo, constituye una forma de greenwashing institucionalizado: un modelo que no diferencia el verdadero origen del pescado, camuflando la pesca industrial bajo el discurso de la proximidad.
Varios informes y estudios de la FAO, el Parlamento Europeo, ClientEarth y la revista científica MDPI Sustainability (2023), muestran que muchos consumidores europeos confunden ‘pescado local’ con ‘pescado sostenible’, cuando ambos conceptos no son equivalentes.
En la Unión Europea, las etiquetas de los productos pesqueros deben indicar la zona de captura y el arte de pesca utilizado (como el arrastre o el trasmallo), conforme al Reglamento (UE) 1379/2013. Sin embargo, esta información no certifica automáticamente un bajo impacto ambiental, ni siempre se presenta de forma clara al consumidor.
Informes recientes de ClientEarth y del Parlamento Europeo han advertido lagunas de control y frecuentes incumplimientos en la información obligatoria sobre el origen o el método de captura, especialmente en mercados minoristas y cadenas de distribución.
La FAO confirma que los consumidores valoran el origen cercano como sinónimo de frescura y calidad, pero confunden la proximidad geográfica con la sostenibilidad ambiental. En consecuencia, un pescado capturado con arrastre puede aparecer bajo el mismo reclamo de ‘producto local’ que otro procedente de artes menores.
La sostenibilidad real depende del método de captura, su selectividad, su impacto con el fondo, la huella de carbono, la estacionalidad, el estado y la gestión del recurso y la trazabilidad efectiva hasta el consumidor final, no solo de la distancia al puerto.
La Comisión Europea reconoció en su “Green Claims Directive” (2023/0085) que la proliferación de mensajes ambientales ambiguos es uno de los principales obstáculos para un consumo informado.
En España, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) detectó que solo un 22% de las pescaderías indicaban el arte de pesca en el cartel del producto, incumpliendo el Reglamento (UE) 1379/2013.
CoCo Sapiens – sobre la pesca de bajo impacto (pesca sostenible).
El presente informe, de carácter periodístico y científico, ha sido impulsado por la asociación CoCo Sapiens, coordinado por Cristina Savall, periodista independiente, y coeditado por Maite Felices (Felices Agency), con el propósito de revelar la verdad sobre la pesca artesanal, sus obstáculos normativos y su papel en la transición hacia un sistema alimentario realmente sostenible.
El proyecto surge de una constatación tan simple como alarmante: la desaparición silenciosa de la pesca artesanal en España. Una extinción que no se debe solo al cambio climático o al agotamiento de los recursos marinos, sino sobre todo a un sistema administrativo y comercial que no diferencia entre quién pesca responsablemente y quién lo hace a gran escala.
“No se puede cuidar lo que no se conoce”, recuerda Xavier Sala, presidente de CoCo Sapiens, quien ha orquestado este informe con una doble intención: investigar con rigor académico y aportar herramientas al consumidor para que pueda comprar de manera consciente.
“El objetivo de FOOD REPORT no es hacer activismo, sino ofrecer una mirada empírica y documentada sobre la sostenibilidad, y proporcionar información útil al consumidor.”
Xavier Sala – presidente de CoCo Sapiens
La falsa sostenibilidad: entre el discurso verde y la realidad de los descartes
En los últimos años, el término sostenible se ha convertido en un reclamo comercial omnipresente.
Aparece en los lineales de los supermercados, en los discursos institucionales e incluso en las cartas de los restaurantes.
Pero, ¿qué significa realmente la pesca sostenible?
Desde CoCo Sapiens hemos observado cómo una parte del sector pesquero, incluido el de proximidad, ha caído en una forma de “greenwashing institucionalizado”: es decir, en el uso del lenguaje ecológico sin respaldo real en las prácticas.
El problema no es semántico, sino estructural: el sistema de trazabilidad y etiquetado actual impide distinguir entre pesca industrial y pesca artesanal de bajo impacto.
“Hoy, en la mayoría de pescaderías, el consumidor no tiene forma de saber si el pescado que compra ha sido capturado con redes de arrastre o con artes selectivas. Eso es una violación directa del reglamento europeo de etiquetado.”
Marta Cavallé – secretaria ejecutiva de
Low Impact Fishers of Europe (LIFE)
El Reglamento (UE) 1379/2013 sobre la organización común de mercados exige que todo pescado indique el arte de pesca empleado. En la práctica, sin embargo, esta información se pierde en el largo camino hasta el consumidor final, desde el momento que se coloca por caja, no por pieza, dando pie a potenciales malas prácticas animadas por el poco control que hay una vez sale el pescado de la lonja. Todo ello contribuye a anular la trazabilidad real. En muchos puntos de venta ni siquiera se muestra la etiqueta reglamentaria necesaria, lo que no permite conocer si es pescado salvaje o de acuicultura, donde fue pescado, con qué arte, incumpliendo así la legislación europea.
De este modo, productos capturados con técnicas destructivas como el arrastre pueden venderse como ‘pescado local’ o ‘de lonja’, marcas que el consumidor asocia, erróneamente, con sostenibilidad.
“Una lubina pescada con arrastre a 40 kilómetros puede venderse como ‘de proximidad’. Pero una sepia capturada con nasa artesanal y vendida directamente en el puerto está fuera del sistema, y por tanto, es ilegal venderla sin pasar por lonja. Es el mundo al revés.”
Isaac Moya – pescador artesanal de L’Estartit y
cofundador del Projecte Sèpia
El Problema de la pesca de arrastre: los descartes, la herida invisible del mar
Uno de los mayores impactos ecológicos de la pesca industrial son los descartes pesqueros: capturas no deseadas que se devuelven al mar, generalmente muertas o en mal estado. Desde la entrada en vigor del Reglamento (UE) nº 1380/2013, la obligación de desembarque prohíbe oficialmente esta práctica, pero su cumplimiento sigue siendo limitado.
Según la FAO y el Comité de Pesca del Mediterráneo (GFCM), los niveles de descarte en el Mediterráneo varían ampliamente según el tipo de arte y la zona: en la pesca de arrastre pueden representar hasta un tercio del total capturado, mientras que en las pesquerías artesanales o de bajo impacto estas tasas son casi nulas debido a la selectividad de sus métodos. Estudios científicos coinciden en que los descartes constituyen un problema estructural del modelo industrial, con consecuencias ecológicas y socioeconómicas graves, ya que afectan a la regeneración de especies, la resiliencia de los ecosistemas y la viabilidad de las comunidades costeras.
“Si hiciéramos el símil en tierra, la pesca de arrastre sería como arrancar diariamente todo un campo para recoger unos pocos frutos.”
Marta Cavallé – secretaria ejecutiva de
Low Impact Fishers of Europe (LIFE)
El impacto no es solo ambiental, sino también económico, social y ético: mientras la pesca artesanal preserva la biodiversidad, crea empleo local y garantiza frescura y calidad, el modelo industrial incentiva el volumen sobre el valor, generando sobreexplotación y dependencia de mercados globales.
Un modelo que penaliza la sostenibilidad
Paradójicamente, las barcas más sostenibles son las que menos apoyo reciben. Los pescadores de artes menores —que emplean técnicas sostenibles que respetan técnicas de bajo impacto— operan dentro de un sistema diseñado para la gran industria:
Obligación de realizar la primera venta de su producto a través de una lonja a través de una subasta a la baja, y en donde el precio lo pone únicamente el comprador (independientemente del coste que haya tenido su pesca).
Prohibición de venta directa, incluso a restaurantes locales que quieren comprarles.
Ausencia de apoyo y marco normativo específico pese la evidencia del bajo impacto ambiental.“Nosotros queremos vivir del mar, pero sin destruirlo. Solo pedimos poder vender directamente nuestro producto, con nombre y apellidos.
“Nosotros queremos vivir del mar, pero sin destruirlo. Solo pedimos poder vender directamente nuestro producto, con nombre y apellidos.”
Isaac Moya – pescador artesanal de L’Estartit y
cofundador del Projecte Sèpia
Europa, por su parte, reconoce teóricamente el valor de la pequeña escala. El Reglamento (UE) 1380/2013, artículo 17 establece que los Estados miembros deben asignar las cuotas de pesca según criterios ambientales, sociales y económicos, no solo históricos. Sin embargo, en la práctica, España, como la mayoría de países europeos, sigue basándose en los volúmenes de captura del pasado.
Este modelo premia la sobreexplotación y penaliza la selectividad: las grandes flotas industriales acumulan derechos por pescar más, mientras que los pequeños pescadores, que capturan menos y con menor impacto, quedan relegados del reparto. Según la European Fisheries Control Agency (2024), el 10 % de las mayores empresas pesqueras concentran el 70 % de las cuotas de pesca en España, mientras que las embarcaciones artesanales —más del 80 % en número— acceden a menos del 6 % de las cuotas totales.
“Es el único sector donde quien más destruye, más derechos obtiene.”
Marta Cavallé – secretaria ejecutiva de
Low Impact Fishers of Europe (LIFE)
El resultado es doble: por un lado, el Mediterráneo es hoy uno de los mares más sobreexplotados del planeta, con el 87 % de sus poblaciones pesqueras por encima del límite biológicamente sostenible, según la FAO–GFCM (2023).
Por otro, el relevo generacional se ha roto: los jóvenes no encuentran estabilidad económica ni el apoyo necesario para continuar el oficio de sus padres.
Diversos estudios de la LIFE Platform y la FAO advierten de la precariedad creciente de la pesca artesanal en el Mediterráneo, marcada por ingresos inestables, envejecimiento del sector y la falta de relevo generacional.
La combinación de sobreexplotación de los recursos y ausencia de apoyo institucional amenaza la continuidad del conocimiento tradicional y el tejido social de las comunidades costeras: la pérdida del oficio no es solo cultural, sino consecuencia directa de un modelo económico que invisibiliza el valor social del pescador de bajo impacto.
En Europa, la pesca industrial recibe un apoyo financiero significativo a través de subsidios y medidas de modernización de flotas, especialmente para barcos de arrastre de fondo. Estos subsidios pueden cubrir entre 0,50 y 0,75 € por kilo de pescado capturado, mientras que las flotas pequeñas de artes menores reciben un subsidio sustancialmente menor o inexistente.
Las ayudas permiten renovar motores, mejorar eficiencia y modernizar tecnología. Aunque estas mejoras pueden reducir descartes por selección más eficiente, también facilitan mantener o aumentar la capacidad de pesca, lo que genera capturas mayores y presiona los ecosistemas marinos.
En contraste, las flotas artesanales, que operan con técnicas de bajo impacto, reciben menos apoyo económico y enfrentan más obstáculos administrativos, lo que limita su capacidad de competir pese a ser más sostenibles.
Fuentes:
De la sobrepesca a la resiliencia
En Europa ya existen ejemplos de éxito que apuestan por la venta directa. Estas iniciativas eliminan intermediarios y apuestan por establecer relaciones de confianza en relación a unos valores comunes, lo que les permiten establecer un precio justo y estable para ambos lados.
“El futuro de la pesca no está en el volumen, sino en el valor. No necesitamos más barcos, sino más sentido común.”
Isaac Moya – pescador artesanal de L’Estartit y
cofundador del Projecte Sèpia
Poiscaille (Francia), plataforma cooperativa de “cestas del mar”, distribuye más de 20.000 raciones semanales de pesca artesanal con trazabilidad digital directa desde puerto.
Pescatori a Miglio Zero (Italia) que conecta flotas artesanales con consumidores urbanos mediante contratos alimentarios y acuerdos municipales.
Ambos modelos cuentan con reconocimiento oficial y apoyo logístico de las autoridades locales. Su existencia demuestra que la venta directa no solo es viable, sino que refuerza la sostenibilidad económica y ambiental de las comunidades costeras.
Hacia un nuevo paradigma de consumo:
Desde CoCo Sapiens queremos interpelar al consumidor no desde la culpa, sino desde la conciencia y la responsabilidad compartida. Pero sin olvidar que el poder de transformación reside, sobre todo, en las instituciones, las normativas y las decisiones políticas que determinan cómo se pesca, se etiqueta y se consumen los productos del mar. El futuro del mar no depende solo de los pescadores, sino también de quienes diseñan las reglas y de quienes deciden qué poner en su plato.
“Salvar la pesca artesanal no es una cuestión de nostalgia, sino de supervivencia ecológica y cultural.”
Joan Roca – Chef del “Celler de Can Roca”
“El mar no necesita discursos, necesita coherencia.”
Marta Cavallé – secretaria ejecutiva de
Low Impact Fishers of Europe (LIFE)
CoCo Sapiens plantea una urgente reforma de las normativas:
Permitir la venta directa y trazable de la pesca artesanal de bajo impacto.
Implementar sistemas digitales y analógicos de trazabilidad accesibles (como códigos QR).
Diferenciar en el etiquetado la pesca de artes menores de los demás artes.
Fomentar la correcta implementación de la Política Pesquera Común.
Conclusión: Un nuevo contrato azul.
Recuperar la pesca artesanal no es mirar al pasado, sino imaginar un futuro donde la economía y la ecología trabajen juntas. No se trata de rescatar una tradición, sino de restaurar un equilibrio.
El manifiesto que surge de este informe no busca señalar culpables, sino identificar los problemas estructurales y ofrecer caminos de transformación, así como proporcionar al consumidor herramientas para tomar decisiones conscientes.
Porque el mar no puede defenderse solo: necesita que quienes lo conocen, lo aman y lo estudian hablen con la misma voz.
La transformación del sistema pesquero español no requiere inventar nuevas normas, sino aplicar las existentes con coherencia. Tanto la Política Pesquera Común como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 14 y 12) de la ONU insisten en fomentar el consumo responsable y proteger las pesquerías de pequeña escala.
La propia FAO, en sus Voluntary Guidelines for Securing Sustainable Small-Scale Fisheries (SSF Guidelines, 2015), recuerda que “el acceso justo a los mercados y la participación directa del pescador en la cadena de valor son condiciones imprescindibles para la sostenibilidad”.
España, como Estado miembro, dispone de las herramientas necesarias. Falta voluntad política y una revisión estructural del sistema de venta que permita, por fin, distinguir lo artesanal (pesca de artes menores) de lo industrial (pesca de arrastre).
“Cada compra es un acto reivindicativo. Si elegimos pesca de bajo impacto, elegimos un mar con futuro y unas comunidades locales vibrantes.”
Marta Cavallé – secretaria ejecutiva de
Low Impact Fishers of Europe (LIFE)
